martes, 15 de noviembre de 2016

Confesión

Señoras y señores
vengo a hacerles una confesión.
Es la siguiente:
No creo en el amor.
Y sé que suena duro, soy joven, tengo 17 años y
mírala, ¡ya no cree en el amor!
Casi puedo sentir cómo alzáis las cejas y me miráis escépticos al decir esto.
No, señores. Yo no creo en el amor.
Porque creo en algo mucho más poderoso, mucho más real, que necesita mucho más mi apoyo porque pocas personas escriben canciones sobre esto.
Yo creo en la magia.
La magia de un gesto
la magia de unos ojos
la magia de un "anda, quédate"
la magia de un plato casero
la magia de un beso en la mejilla, porque sí.
La magia del agua calentita en la ducha cuando tienes mucho frío.
La magia de una mirada
que suena a tópico, sí, pero eso es porque no entendéis esa magia.
La magia de los cinco minutos más.
La magia de las risas sinceras.
La magia del olor de ciertas personas. Y sabes que son ciertas personas.
La magia de recibir un mensaje con esa firma especial.
La magia de acurrucarse y quedarse dormida.
La magia de las comedias románticas en compañía.
La magia de lo inesperado: "¡es para mañana, no para hoy!"
La magia del pelo mojado en verano que se seca con el sol de las siete de la tarde.
La magia de cruzar todos los semáforos en verde.
La magia de volar en bicicleta.
La magia de un éxito esperado.
de los sueños realizados.
de  las mejillas sonrojadas, sin maquillaje
(y tantas jotas, que son tres, pero ya son muchas)
La magia de un disfraz en cualquier época del año.
La magia de un recuerdo
que aunque amargo, todos los recuerdos son, a su manera, mágicos.
La magia de la inspiración.
La magia de un encuentro inesperado.
La magia de un "¡tía! ¡que hoy sí que vamos!"
La magia de abrir un regalo con emoción
sin saber lo que hay dentro, no importa, sólo rasgar el envoltorio con apremio.
La magia de un desafío.
La magia de un cuento contado al oído, un cuento contado al vacío, un cuento improvisado.
La magia de una mueca significativa.
La magia de una oportunidad para vivir una experiencia nueva.
La magia de conocer gente e irse a vivir fuera (no necesariamente en ese orden)
La magia de hablar otro idioma, ¡y que te entiendan!
La magia de las mantas calentitas.
La magia del abrazo que te hace entrar en calor.
Su magia.

Mis queridos amigos.
Tengo 17 años y no creo en el amor,
porque no me hace falta.
Para eso, yo ya tengo la magia.


Clara.

lunes, 17 de octubre de 2016

Escapemos

Escapemos a algún sitio.
No tiene por qué ser lejos.
Escapemos al bar de al lado.
¡No me importa!
Viajemos
cogidos de las manos.
Demos vueltas de 360º
para acabar en el mismo sitio,
pero al menos, lo hicimos:
escapamos.

Escapemos a algún lugar nuevo.
Vayamos a lo lejano.
Descubramos el mundo otra vez.
Busquemos lo imposible.
Tropecemos con lo inesperado.
Deseemos lo más grande
para quedarnos con lo mediano.
¡No me importa!
Al menos,
aunque fuera por un rato
y en terreno imaginario, lo hicimos:
escapamos.

martes, 24 de mayo de 2016

Esperanza

¿Y qué, qué nos queda?

Ya no puedo contar las estrellas, ya no puedo resetear mi vida. Ya no puedo volar hasta el horizonte porque no tendré tiempo para volver.

Ya se acabaron las sonrisas, se secaron las lágrimas, se paró la brisa y tú sigues ahí, 

en calma.

¿Por qué?

La vida ya no sigue, no tenemos otro día y esta noche será la última. Las estrellas brillarán por última vez, el Sol ya no me volverá a mirar y la Luna se despedirá de mí poniéndose de luto. El cielo ya no será azul y las nubes se volverán negras; ya jamás podré elegir, jamás podré decidir; esa presión sobre mis hombros desaparecerá y el cuervo que amenazaba con picotearme la cabeza se irá de mi espalda; la duda escapará y los sueños perderán el aliento que los mantenía con vida. Los recuerdos florecerán, y mi mente se alumbrará, y entonces no quedará nada, nada, porque mis ojos ya no verán, mis oídos no escucharán y mis labios no volverán a tocarte, y todo, todo,

porque perdí la esperanza.

Y suena grande cuando la tenemos; como ese familiar que nunca esperamos que muera, como ese peluche que confiamos en que jamás se extravíe, que no se caiga en el camino, como ese futuro incierto; suena tan grande, que no la creemos, y la ignoramos, pero ella está ahí, acechando, ayudándonos a caminar, tendiéndonos la mano cuando nos vamos a caer, poniendo rectas nuestras piernas cuando parezca que vamos directos al vacío.

Y te diré una cosa; ella no es Dios, como muchos creen.

Ella eres tú.

Y ojala nunca te pierda.

Porque mientras quede un latido en un corazón, una mirada en unos ojos húmedos, una palabra en unos labios, una sonrisa en un rostro; mientras quede algo, cualquier cosa, ella, tú, siempre lo animarás, lo revivirás; serás parte de él.

Puede que te vuelvas adicto a ser esperanza.


Puede que eso no sea tan malo.

martes, 12 de abril de 2016

No sé

No sé, no sé, no sé;
juro que no sé nada
por no saber, no sé ni como me llamo;
si tengo alma;
si soy algo;
si soy mala.

No sé casi nada
sé muy pocas cosas
y todo lo que sé lo sé porque me lo contaron.
Pero aparte de eso, no sé nada.

Sé cómo son las estrellas
las literales y las figuradas.
Sé como es el amor
el literal y el figurado.
Sé cómo eres tú
o al menos puedo imaginarlo.
Sé que actúo como si me importara,
pero,
¿qué más sé?
¡Nada!

jueves, 7 de abril de 2016

Para empezar


Elige un texto, escribe por qué lo has elegido y comenta algo sobre él o sobre lo que te sugiere:

1

[...] Con una valija en la mano, enderezó para el lado de una parrilla del puerto, donde una noche alquien medio curda le había contado anécdotas del payador Betinoti, y de cómo cantaba aquel vals: Mi diagnóstico es sencillo: / Sé que no tengo remedio [...]                                        
                                         JULIO CORTÁZAR: Rayuela, Cap. 39



2

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

                                       MIGUEL HERNÁNDEZ : "Nanas de la cebolla"


3



4

Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería.
Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar.
Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía.
Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.

                                              ANTONIO MACHADO


5

Cuentan que hace mucho tiempo vivía en el campo un matrimonio muy anciano. No habían tenido hijos y eran tan pobres que vivían de la caridad de le gente.

Cada día él iba al mercado con la esperanza de conseguir algo para comer a la noche. Su único tesoro era una vieja pipa de madera que, aunque hacía tiempo que no veía tabaco, él se la colgaba de la boca, para espantar un poco el hambre.

Ella se sentaba a media mañana en la entrada de la casa y, a pesar de no tener peine alguno, peinaba una y mil veces sus largas trenzas, su máximo tesoro y su orgullo. De esta manera pasaba el día esperando al marido.

Llegó el día del aniversario de bodas, y él salió como cada mañana temprano, pensando qué le regalaría a ella si nada tenía. Por su parte, ella se sentó cavilando cómo celebrar si no había con qué.

Sin embargo, al llegar la tarde él llegó con un pequeño paquete que le dio con un suave beso en la frente: "Feliz aniversario". Ella, con una gran sonrisa, también le entregó un diminuto envoltorio.

Al abrir cada uno su regalo, se miraron y sollozaron en silencio disfrutando del gran amor que Dios les estaba demostrando.

Ella había vendido sus trenzas y le había comprado un atadillo de tabaco para la pipa. En cambio, él había vendido su pipa y le había comprado un hermoso peine para sus trenzas.

                                               RABINDRANATH TAGORE


6

La poesía es como el viento,
o como el fuego, o como el mar.
Hace vibrar árboles, ropas,
abrasa espigas, hojas secas,
acuna en su oleaje los objetos
que duermen en la playa.
La poesía es como el viento,
o como el fuego, o como el mar:
da apariencia de vida
a lo inmóvil, a lo paralizado.
Y el leño que arde,
las conchas que las olas traen o llevan,
el papel que arrebata el viento,
destellan una vida momentánea
entre dos inmovilidades.

Pero los que están vivos,
los henchidos de acción,
los palpitantes de nostalgia o vino,
esos... felices, bienaventurados,
porque no necesitan las palabras,
como el caballo corre, aunque no sople el viento,
y vuela la gaviota, aunque esté seco el mar,
y el hombre llora, y canta,
proyecta y edifica, aun sin el fuego.

                                              JOSÉ HIERRO: Agenda

7

Bastante tiene una
con lo que no tiene.

                                              AJO, micropoetisa



martes, 7 de abril de 2015

Inmortal.

¿Existe alguna posibilidad de que mis letras sigan con vida?
Digo yo;
¿Debo tener esperanzas en que, algún día en alguna parte del mundo, se me recuerde por mis versos, mis palabras, mis pensamientos, mi mente?
¿Se me recordará?
¿Habrá, quizás, alguna calle con mi nombre en alguna ciudad perdida de algún país?
Dudo que aparezca en los libros de historia...
¿Seré recordada, tal vez, en el final de algún telediario, en el aniversario de mi muerte?
¿Citará alguien mis poemas y mis escritos?
¿Usará alguien, alguna vez, mis teorías y pensamientos sobre lo rara que es esta vida como pilar donde apoyar las suyas propias?
...
...
...
¿Seré inmortal?