Estoy muerto.
Y digo muerto y no muerta,
a pesar de que antes revisé mis pantalones y nada había cambiado,
pero siempre un montón de muertos se dice en masculino
y yo me siento un plural de cadáveres
ahora mismo.
Con todos sus cerebros podridos
y olores asquerosos
y resacas de la vida
y cuencas vacías,
sin piel y en los huesos,
sin hambre y con mucho sueño,
Yo me siento un plural de muertos
y no es culpa de nadie sino mía
por no dormir en todo el día
por dejar que las dudas coman mi cabeza
por dejar que me vomiten las señoras de la casa vecina
que, personalmente, no me hicieron nada
pero, ¡joder que si gritan!
y su vómito es moco y proteínas
y yo me siento así en este día
además de un plural de muertos,
que no es otra cosa que gente que ya no vive,
¡como yo!
que no usan sus intestinos
porque algún bicho se los habrá comido,
y los míos no responden
así que se lo he atribuido
a las mariposas que cierta persona me causa,
lo sé, suena jodido,
lo es, espera, que sigo;
me siento un conjunto de difuntos,
toso, respiro fuerte, y eso que no fumo,
de verdad mamá, lo juro,
jamás fumaría, es más
¿quién querría?
sólo sirve para ennegrecer pulmones
y los míos ya no respiran,
porque os recuerdo, amigos míos, que estoy muerto,
y por consiguiente adquiero todas las ventajas,
colegas gusanos nuevos, dormir todo el día,
sin que nadie me riña quedarme en las musarañas,
casa que no está hipotecada,
donde hay salón, cocina, cuarto de baño y tele de plasma,
soy multifuncional, que pena que no lo podáis comprobar,
porque ya sabéis, estoy muerto,
¡qué pena!
mi funeral es ya,
¡ay, rosas! qué gran acierto
gran necrológica, te lo agradezco,
ahora todos hablan bien de mí,
¡qué pena que estoy muerto
y no puedo escuchar sus halagos de luto,
ni sus lágrimas caer al suelo!
¡qué lástima!
¡me muero!
A ver si es verdad,
porque este resfriado
yo no lo aguanto más.
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