sábado, 13 de diciembre de 2014

Otromundo

No muchos lo han visto, o han estado allí; de hecho, las personas que han ido nunca volvieron, y se podrían contar con los dedos de una mano. Aún así, yo sé que existe. Lo llamo Otromundo.

Otromundo es aquel lugar utópico que todos desean. Es, nada más ni nada menos que el mundo de las ideas que casi mostró Platón. Otromundo puede ser un planeta formado únicamente por selvas densas y verdes, o, si por el contrario, deseas un lugar desierto y silencioso, también puede serlo. Quizás prefieras que sea todo agua, y no haya un ápice de tierra firme, y doy fe de que así sería. Otromundo puede estar poblado o no, depende de lo que prefieras. Y, si decides poblarlo, puede estar habitado de diversas criaturas: maravillosas y coloridas serpientes que den la vuelta al planeta sólo con su cuerpo; seres mitad alados mitad lagarto, que sean inteligentes y hablen en un idioma completamente desconocido para cualquier otro; criaturas con forma humana pero con prolongaciones animales (aún te recuerdo, Moreau); bichos e insectos de todos los colores y tamaños; robots futuristas con complejo de humano; quizás, a Otromundo lo pueblen ponis bailarines de ballet con los que solo una niña pequeña soñaría.

Otromundo no tiene leyes de física, si las rechazas: podrías ir volando sin alas ni propulsores a cualquier lugar, o quizás poseer toda tu fuerza en el dedo meñique de tu pie izquierdo. Tampoco tiene reglas no escritas, ni escritas si quiera: todo vale si puedes imaginarlo.

Hay gente que confunde Otromundo con la Fantasia que Sebastian creó, y no me he dejado ninguna tilde. Otros prefieren, simplemente, no creer en su existencia, y limitarse (odiosas limitaciones) al mundo original y, por decirlo de algún modo, real, ignorando las "pamplinas" que esta chica de aquí está escribiendo.

Puede que después de leer esto, desees ir a Otromundo, y me parecería bien; sin embargo, hay algunas condiciones que dudo que reúnas dado que, como he dicho antes, muy pocas personas han ido. Y desde luego, no se puede volver. Cuando vas a Otromundo, olvidas este mundo, y con ello, todo lo que a él concierne. Quizás esto te haga más reacio a ir allí. Pero si, al margen de todo eso e ignorando las dificultades del olvido, decides ir, tienes mi más sincero aplauso. Ahora, te toca averiguar cómo llegar.

¿Beberás de la botella que dice "Bébeme"? ¿Comerás el pastel que dice "Cómeme"? ¿Dormirás bajo la sombra de un árbol mientras te leen una historia? ¿O, quizás, meramente, morirás? He ahí la cuestión.

                                                                                                             Clara Rivero Peralta.

1 comentario:

  1. Muy bien escrito, enigmático y sugerente.
    Como está claro que has escrito muchas más cosas, anímate a publicarlas. ¡Enhorabuena!

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