Miras a tu alrededor y sonríes. El mundo vibra con luz y color propios, destellos de brillantez y calidez, de alguien que siempre está a tu lado para echarte una mano, de un florido árbol en su máximo esplendor, de un niño que te mira y sonríe porque ve que estás alegre. Que eres feliz. Porque la brisa te acaricia el rostro al caminar, tan sólo cierras los ojos, te paras y disfrutas de esa maravillosa sensación. Todo el mundo a tu alrededor parece familiar, cercano, espléndido. Y mientras estás parado, encuentras esa felicidad interior, y te das cuenta de que, en realidad, nunca la has perdido. Siempre ha estado ahí, contigo.
Abres los ojos y prosigues tu camino, solo que ahora eres un poco más feliz.
Tantas veces la felicidad es únicamente un punto de vista, una actitud, un querer ser feliz...
ResponderEliminar