Los escritores somos soñadores natos. Creamos aquello que más deseamos, la vida perfecta, las personas idóneas. Por eso los escritores somos unos inconformistas .Odiamos la realidad y tergiversamos las cosas de tal manera que cumplan con nuestros gustos y deseos. No nos gusta lo que existe y creamos cosas nuevas. Puede que pienses que no existen, pero están ahí. Nos acompañan. Las soñamos. Las deseamos. El gran deseo de un escritor es que lo que escribe se haga realidad. Supongo que por eso el libro de Cornelia Funke, Corazón de Tinta, causó tanta revolución. ¡Que existiesen las cosas escritas, vaya tontería!, puede que pienses. Y en parte es verdad. Con ello conseguiríamos que personajes horribles existiesen. Sería una masacre. ¿Sabes ese villano que estás pensando? También existiría, y su existencia probablemente te atormentaría. ¿Quién no tiene pesadillas sobre pesadillas dejando de ser ficción? Pero los escritores no pensamos en eso, sino en las cosas que mejorarían. Magia. Animales fantásticos. Chicos con cicatrices en forma de rayo, o incluso robando rayos. Sería increíble.
Dije que somos inconformistas. También somos egoístas.
martes, 16 de diciembre de 2014
sábado, 13 de diciembre de 2014
Otromundo
No muchos lo han visto, o han estado allí; de hecho, las personas que han ido nunca volvieron, y se podrían contar con los dedos de una mano. Aún así, yo sé que existe. Lo llamo Otromundo.
Otromundo es aquel lugar utópico que todos desean. Es, nada más ni nada menos que el mundo de las ideas que casi mostró Platón. Otromundo puede ser un planeta formado únicamente por selvas densas y verdes, o, si por el contrario, deseas un lugar desierto y silencioso, también puede serlo. Quizás prefieras que sea todo agua, y no haya un ápice de tierra firme, y doy fe de que así sería. Otromundo puede estar poblado o no, depende de lo que prefieras. Y, si decides poblarlo, puede estar habitado de diversas criaturas: maravillosas y coloridas serpientes que den la vuelta al planeta sólo con su cuerpo; seres mitad alados mitad lagarto, que sean inteligentes y hablen en un idioma completamente desconocido para cualquier otro; criaturas con forma humana pero con prolongaciones animales (aún te recuerdo, Moreau); bichos e insectos de todos los colores y tamaños; robots futuristas con complejo de humano; quizás, a Otromundo lo pueblen ponis bailarines de ballet con los que solo una niña pequeña soñaría.
Otromundo no tiene leyes de física, si las rechazas: podrías ir volando sin alas ni propulsores a cualquier lugar, o quizás poseer toda tu fuerza en el dedo meñique de tu pie izquierdo. Tampoco tiene reglas no escritas, ni escritas si quiera: todo vale si puedes imaginarlo.
Hay gente que confunde Otromundo con la Fantasia que Sebastian creó, y no me he dejado ninguna tilde. Otros prefieren, simplemente, no creer en su existencia, y limitarse (odiosas limitaciones) al mundo original y, por decirlo de algún modo, real, ignorando las "pamplinas" que esta chica de aquí está escribiendo.
Puede que después de leer esto, desees ir a Otromundo, y me parecería bien; sin embargo, hay algunas condiciones que dudo que reúnas dado que, como he dicho antes, muy pocas personas han ido. Y desde luego, no se puede volver. Cuando vas a Otromundo, olvidas este mundo, y con ello, todo lo que a él concierne. Quizás esto te haga más reacio a ir allí. Pero si, al margen de todo eso e ignorando las dificultades del olvido, decides ir, tienes mi más sincero aplauso. Ahora, te toca averiguar cómo llegar.
¿Beberás de la botella que dice "Bébeme"? ¿Comerás el pastel que dice "Cómeme"? ¿Dormirás bajo la sombra de un árbol mientras te leen una historia? ¿O, quizás, meramente, morirás? He ahí la cuestión.
Clara Rivero Peralta.
Otromundo es aquel lugar utópico que todos desean. Es, nada más ni nada menos que el mundo de las ideas que casi mostró Platón. Otromundo puede ser un planeta formado únicamente por selvas densas y verdes, o, si por el contrario, deseas un lugar desierto y silencioso, también puede serlo. Quizás prefieras que sea todo agua, y no haya un ápice de tierra firme, y doy fe de que así sería. Otromundo puede estar poblado o no, depende de lo que prefieras. Y, si decides poblarlo, puede estar habitado de diversas criaturas: maravillosas y coloridas serpientes que den la vuelta al planeta sólo con su cuerpo; seres mitad alados mitad lagarto, que sean inteligentes y hablen en un idioma completamente desconocido para cualquier otro; criaturas con forma humana pero con prolongaciones animales (aún te recuerdo, Moreau); bichos e insectos de todos los colores y tamaños; robots futuristas con complejo de humano; quizás, a Otromundo lo pueblen ponis bailarines de ballet con los que solo una niña pequeña soñaría.
Otromundo no tiene leyes de física, si las rechazas: podrías ir volando sin alas ni propulsores a cualquier lugar, o quizás poseer toda tu fuerza en el dedo meñique de tu pie izquierdo. Tampoco tiene reglas no escritas, ni escritas si quiera: todo vale si puedes imaginarlo.
Hay gente que confunde Otromundo con la Fantasia que Sebastian creó, y no me he dejado ninguna tilde. Otros prefieren, simplemente, no creer en su existencia, y limitarse (odiosas limitaciones) al mundo original y, por decirlo de algún modo, real, ignorando las "pamplinas" que esta chica de aquí está escribiendo.
Puede que después de leer esto, desees ir a Otromundo, y me parecería bien; sin embargo, hay algunas condiciones que dudo que reúnas dado que, como he dicho antes, muy pocas personas han ido. Y desde luego, no se puede volver. Cuando vas a Otromundo, olvidas este mundo, y con ello, todo lo que a él concierne. Quizás esto te haga más reacio a ir allí. Pero si, al margen de todo eso e ignorando las dificultades del olvido, decides ir, tienes mi más sincero aplauso. Ahora, te toca averiguar cómo llegar.
¿Beberás de la botella que dice "Bébeme"? ¿Comerás el pastel que dice "Cómeme"? ¿Dormirás bajo la sombra de un árbol mientras te leen una historia? ¿O, quizás, meramente, morirás? He ahí la cuestión.
Clara Rivero Peralta.
Cuántos amaneceres hemos pasado por alto,
cuántas estrellas han caído del cielo sin apreciarlo,
cuántos besos nos han parecido rutina, costumbre,
cuántas montañas escalamos sólo para llegar a la cumbre.
No des un solo paso sin sentir bajo tus pies el frío suelo.
No dejes escapar un sueño al despertar sin recordarlo.
No menosprecies ninguna charla con amigos por corriente.
Recoge en tu pelo la lluvia y deja que el sol te caliente.
Porque tarde o temprano, ojalá no temprano sino tarde
aunque huyas, o te escondas, o no quieras que te alcance
algún día, aunque no hayas disfrutado lo suficiente
cuando levantes la mirada del camino, te esperará la muerte.
Mercedes Pellón
cuántas estrellas han caído del cielo sin apreciarlo,
cuántos besos nos han parecido rutina, costumbre,
cuántas montañas escalamos sólo para llegar a la cumbre.
No des un solo paso sin sentir bajo tus pies el frío suelo.
No dejes escapar un sueño al despertar sin recordarlo.
No menosprecies ninguna charla con amigos por corriente.
Recoge en tu pelo la lluvia y deja que el sol te caliente.
Porque tarde o temprano, ojalá no temprano sino tarde
aunque huyas, o te escondas, o no quieras que te alcance
algún día, aunque no hayas disfrutado lo suficiente
cuando levantes la mirada del camino, te esperará la muerte.
Mercedes Pellón
jueves, 11 de diciembre de 2014
A LAS ÓRDENES DEL VIENTO
Para
todos los que sienten que no están al mando
Me
habría gustado ser discípula de Ícaro.
Hubiera
sido hermoso festejar
las
bodas de Calixto y Melibea.
Me
habría gustado ser
un
hitita ante la reina Nefertari
el
joven Werther en Río de Janeiro
la
deslumbrante dama sevillana
por la
que Don José rechazó a Carmen.
Yo
quisiera haber sido el huerto del poeta
con su
verde árbol y su pozo blanco
el
inspector fiscal
con el
que conversara Maiakovski.
Me
habría gustado amarte. Te lo juro.
Sólo
que muchas veces la voluntad no basta.
Raquel
Lanseros
miércoles, 10 de diciembre de 2014
martes, 9 de diciembre de 2014
Más allá...
Más allá de donde todos piensan que acaba,
más allá de donde todos creen que podrían soportar,
más allá del lugar donde todo nace y todo muere,
allí, allí, no hay más que tinieblas oscuras y desconocidas,
tundras de nada inmensa, desiertos repletos de sombras sin luz.
No es otro lugar, sino donde las mentes de perpetuo pensar divagan tras desfallecer, tras el colapso final, tras el estrepitoso tropiezo y la decisión de no volverse a levantar.
Teresa Ángela
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