viernes, 11 de abril de 2014
jueves, 10 de abril de 2014
Palabras de amor.
Maldito día, malditas fechas. ¿Por
qué? Si yo te quiero igual, si los botones de mi blusa se estremecen
cuando oyen tu nombre cualquier día de la semana, si el invierno no
es tan frío, no es tan triste. ¿Nos queremos? Todos quieren, todos
son personas. ¿No está hecho el ser humano para depender de otro
ser humano? Pierdes el tiempo, querida Luna, girando al rededor del
planeta Tierra, él solo tiene ojos para el engreído Sol. Maldito y
desagradecido planeta Tierra, que ella te quiere durante los 365 días
en los que tú no haces más que desvivirte por aquel que solo te
trata como a uno más. 14 de febrero, 45 de abril. ¿Qué más da?
Si yo te quiero igual. Seguimos adelante, solo es una noche como otra
cualquiera. Y las palabras, oh, ingenuas palabras de amor que creen
rebosar de significado cuando en realidad son las mismas de siempre.
Un paso menos, un paso más. ¿Lo entiendes? Es fácil. Que yo te
quiero igual.
Marieta.
martes, 8 de abril de 2014
Vista optimista de la vida
Miras a tu alrededor y sonríes. El mundo vibra con luz y color propios, destellos de brillantez y calidez, de alguien que siempre está a tu lado para echarte una mano, de un florido árbol en su máximo esplendor, de un niño que te mira y sonríe porque ve que estás alegre. Que eres feliz. Porque la brisa te acaricia el rostro al caminar, tan sólo cierras los ojos, te paras y disfrutas de esa maravillosa sensación. Todo el mundo a tu alrededor parece familiar, cercano, espléndido. Y mientras estás parado, encuentras esa felicidad interior, y te das cuenta de que, en realidad, nunca la has perdido. Siempre ha estado ahí, contigo.
Abres los ojos y prosigues tu camino, solo que ahora eres un poco más feliz.
Abres los ojos y prosigues tu camino, solo que ahora eres un poco más feliz.
Más fácil
¿No es más fácil parar?
Abandonar... esa dulce tentación epicúrea de la Nada.
La lenta e ignorante muerte en el desconocimiento.
Esa falsa idea de felicidad que te atrae a la irracionalidad, que aleja a tu conciencia de la, a veces, triste y severa sinceridad de la realidad.
Teresa Ángela
Abandonar... esa dulce tentación epicúrea de la Nada.
La lenta e ignorante muerte en el desconocimiento.
Esa falsa idea de felicidad que te atrae a la irracionalidad, que aleja a tu conciencia de la, a veces, triste y severa sinceridad de la realidad.
Teresa Ángela
lunes, 24 de marzo de 2014
Crónicas de un viaje involuntario
Crónicas de un viaje involuntario
Una novela corta escrita y publicada por capítulos. Se aceptan sugerencias.
Capítulo 1. El libro
La tenue luz del nublado día de noviembre se proyectaba sobre la pared del fondo a través de los amplios ventanales de la habitación. La respiración sosegada, apenas audible, ascendía de la cama sin hacer. La puerta, a la derecha, daba a un pasillo sin iluminar, ya que nadie había salido aún de la cama. Aquel día no era laborable, claro; si no, poca gente quedaría en la casa a las diez de la mañana. El río Guadalquivir, visible en todo su esplendor desde la cálida comodidad del interior de las sábanas, aparecía levemente difuminado por la tenue niebla que, perezosa, se había levantado aquel día. Eduardo Martínez, desde la cama antes mencionada, no podía sino admirar a la gente que paseaba, animada, por el paseo de las Delicias, que discurría paralelamente al río, como si de su hermano gemelo de asfalto y cemento se tratase, aunque estaba animado por el incesante tráfico de automóviles que lo surcaba, dado que, aunque sábado, seguía siendo hora punta.Se paseó por entre los puestos de las distintas librerías, maravillándose, más que del gentío y del barullo, que, aunque lo había, le era ciertamente indiferente, cuando no incómodo, de la variedad de temáticas expuestas: en un puesto podían estar especializados en literatura infantil, y en el siguiente no era descabellado poder encontrar libros sobre esoterismo y pseudociencias. Sin embargo, ninguno de estos le llamaba la atención demasiado tiempo. Al menos, hasta que llegó al último puesto, una estructura tal vez más desgastada que las anteriores, perteneciente a una librería de la que jamás había oído hablar, y aparentemente especializada en literatura de viajes. Y ahí lo vio.
El libro. El libro que cambiaría su vida para siempre.
Continuará en el siguiente capítulo
miércoles, 19 de marzo de 2014
Comienzos.
Todo aquello que juzgamos por ser efímero e inestable alguna vez fue consistente y prometedor. Como las ideas que nacen no de mentes brillantes, sino de seres que aspiran a ser algo más que una acumulación de rutinas. Los comienzos son los únicos culpables de que existan los finales, los responsables de que las cosas lleguen a su fin, y si así es ¿Por qué seguimos siendo cómplices de la erradicación de situaciones que deben acabar? Posiblemente porque somos cobardes y reacios a los cambios, y por lo tanto a los finales.
Marieta.
miércoles, 12 de marzo de 2014
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