lunes, 21 de noviembre de 2016

Resfriado mortal

Estoy muerto.
Y digo muerto y no muerta,
a pesar de que antes revisé mis pantalones y nada había cambiado,
pero siempre un montón de muertos se dice en masculino
y yo me siento un plural de cadáveres
ahora mismo.
Con todos sus cerebros podridos
y olores asquerosos
y resacas de la vida
y cuencas vacías,
sin piel y en los huesos,
sin hambre y con mucho sueño,
Yo me siento un plural de muertos
y no es culpa de nadie sino mía
por no dormir en todo el día
por dejar que las dudas coman mi cabeza
por dejar que me vomiten las señoras de la casa vecina
que, personalmente, no me hicieron nada
pero, ¡joder que si gritan!
y su vómito es moco y proteínas
y yo me siento así en este día
además de un plural de muertos,
que no es otra cosa que gente que ya no vive,
¡como yo!
que no usan sus intestinos
porque algún bicho se los habrá comido,
y los míos no responden
así que se lo he atribuido
a las mariposas que cierta persona me causa,
lo sé, suena jodido,
lo es, espera, que sigo;
me siento un conjunto de difuntos,
toso, respiro fuerte, y eso que no fumo,
de verdad mamá, lo juro,
jamás fumaría, es más
¿quién querría?
sólo sirve para ennegrecer pulmones
y los míos ya no respiran,
porque os recuerdo, amigos míos, que estoy muerto,
y por consiguiente adquiero todas las ventajas,
colegas gusanos nuevos, dormir todo el día,
sin que nadie me riña quedarme en las musarañas,
casa que no está hipotecada,
donde hay salón, cocina, cuarto de baño y tele de plasma,
soy multifuncional, que pena que no lo podáis comprobar,
porque ya sabéis, estoy muerto,
¡qué pena!
mi funeral es ya,
¡ay, rosas! qué gran acierto
gran necrológica, te lo agradezco,
ahora todos hablan bien de mí,
¡qué pena que estoy muerto
y no puedo escuchar sus halagos de luto,
ni sus lágrimas caer al suelo!
¡qué lástima!
¡me muero!
A ver si es verdad,
porque este resfriado
yo no lo aguanto más.

martes, 15 de noviembre de 2016

Confesión

Señoras y señores
vengo a hacerles una confesión.
Es la siguiente:
No creo en el amor.
Y sé que suena duro, soy joven, tengo 17 años y
mírala, ¡ya no cree en el amor!
Casi puedo sentir cómo alzáis las cejas y me miráis escépticos al decir esto.
No, señores. Yo no creo en el amor.
Porque creo en algo mucho más poderoso, mucho más real, que necesita mucho más mi apoyo porque pocas personas escriben canciones sobre esto.
Yo creo en la magia.
La magia de un gesto
la magia de unos ojos
la magia de un "anda, quédate"
la magia de un plato casero
la magia de un beso en la mejilla, porque sí.
La magia del agua calentita en la ducha cuando tienes mucho frío.
La magia de una mirada
que suena a tópico, sí, pero eso es porque no entendéis esa magia.
La magia de los cinco minutos más.
La magia de las risas sinceras.
La magia del olor de ciertas personas. Y sabes que son ciertas personas.
La magia de recibir un mensaje con esa firma especial.
La magia de acurrucarse y quedarse dormida.
La magia de las comedias románticas en compañía.
La magia de lo inesperado: "¡es para mañana, no para hoy!"
La magia del pelo mojado en verano que se seca con el sol de las siete de la tarde.
La magia de cruzar todos los semáforos en verde.
La magia de volar en bicicleta.
La magia de un éxito esperado.
de los sueños realizados.
de  las mejillas sonrojadas, sin maquillaje
(y tantas jotas, que son tres, pero ya son muchas)
La magia de un disfraz en cualquier época del año.
La magia de un recuerdo
que aunque amargo, todos los recuerdos son, a su manera, mágicos.
La magia de la inspiración.
La magia de un encuentro inesperado.
La magia de un "¡tía! ¡que hoy sí que vamos!"
La magia de abrir un regalo con emoción
sin saber lo que hay dentro, no importa, sólo rasgar el envoltorio con apremio.
La magia de un desafío.
La magia de un cuento contado al oído, un cuento contado al vacío, un cuento improvisado.
La magia de una mueca significativa.
La magia de una oportunidad para vivir una experiencia nueva.
La magia de conocer gente e irse a vivir fuera (no necesariamente en ese orden)
La magia de hablar otro idioma, ¡y que te entiendan!
La magia de las mantas calentitas.
La magia del abrazo que te hace entrar en calor.
Su magia.

Mis queridos amigos.
Tengo 17 años y no creo en el amor,
porque no me hace falta.
Para eso, yo ya tengo la magia.


Clara.