Igual que los colores temen su desaparición en la oscuridad
absoluta, igual que el silencio teme romperse por la respiración agitada del
que se ve perturbado por los sueños, igual que el calor del día teme perderse
al caer el frío estremecedor de la noche, yo temo perder la calma al
encontrarme a solas con mis pensamientos.
Las ideas se agolpan desordenadas en mi cabeza y retumba una
melodía desafinada que hace tambalear la fina línea que separa el bien y el
mal. Y ya no se qué es un recuerdo y qué un recuerdo de algo que nunca ocurrió y
me encargue de imaginar miles de veces.
En ocasiones parece diferenciarse una luz lejana de un faro
tratando de guiar a los barcos fuera de toda la confusión para llegar a buen
puerto, pero cantos de sirena nublan la razón de de las tripulaciones que los
siguen ciegos como se sigue un impulso suicida hacia el naufragio.
Y es en ese momento cuando el agotamiento me obliga posar la
mejilla sobre la humedad salada de mi almohada y sumirme en un sueño profundo con
la esperanza de una realidad menos cruel y mas justa cuando despunte el día.
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